CAPÍTULO VI
LA EDUCACIÓN SUPERIOR Y LA INNOVACIÓN DE PROCESOS
DE ENSEÑANZA–APRENDIZAJE. ENSEÑANZA TRADICIONAL VS.
ENSEÑANZA INNOVADORA: ¿VALE LA PENA ARRIESGARSE?
L. C. Navarro Miranda*
LA EDUCACIÓN SUPERIOR Y LA INNOVACIÓN DE PROCESOS
DE ENSEÑANZA–APRENDIZAJE. ENSEÑANZA TRADICIONAL VS.
ENSEÑANZA INNOVADORA: ¿VALE LA PENA ARRIESGARSE?
L. C. Navarro Miranda*
RESUMEN
El artículo que a continuación se desarrolla básicamente se encuentra centrado en los
análisis de la formación de los profesionales técnicos de nivel superior innovadores,
contribuyéndose así en el desarrollo y formación de la Competencia Profesional
Innovadora en los estudiantes de pregrado.
Utilizar la innovación para partir de problemas, enfocar el saber, el conocimiento es un
sistema de construcciones orientado por intereses, tener vinculación del saber con la
solución, potenciar actividades de grupo y buscar bibliografía para activar el cambio
innovador.
En un primer paso se aborda la innovación en la educación dentro del proceso de
enseñanza–aprendizaje de las carreras técnicas.
El artículo que a continuación se desarrolla básicamente se encuentra centrado en los
análisis de la formación de los profesionales técnicos de nivel superior innovadores,
contribuyéndose así en el desarrollo y formación de la Competencia Profesional
Innovadora en los estudiantes de pregrado.
Utilizar la innovación para partir de problemas, enfocar el saber, el conocimiento es un
sistema de construcciones orientado por intereses, tener vinculación del saber con la
solución, potenciar actividades de grupo y buscar bibliografía para activar el cambio
innovador.
En un primer paso se aborda la innovación en la educación dentro del proceso de
enseñanza–aprendizaje de las carreras técnicas.
TEXTO
El contenido del presente artículo es extractado de la tesis que es intitulado "La
formación y desarrollo de la competencia profesional innovadora a través del
currículum del técnico de nivel superior de las carreras técnicas", el cual será
desarrollado en los próximos artículos a publicarse, discutiéndose los aspectos centrales
que la investigación abordó.
El problema radica en que la solución de problemas profesionales por parte del
Técnico de Nivel Superior de las carreras Técnicas no satisface las exigencias sociales
actuales, lo que se manifiesta en el proceso productivo y en su comunicación con el
que diseña y proyecta.
El artículo es desarrollado con la finalidad de abordar algunas consideraciones de las
características del proceso de enseñanza–aprendizaje y algunas implicaciones de
cambio hacia un proceso innovador.
En este artículo se analizará el tema de la innovación en la educación en general, para
lo cual es importante preguntarse qué se está entendiendo por innovación, la cual está
relacionada con la capacidad de las personas para abrigar nuevas ideas (talento
sistémico y holístico), de la cultura organizacional que facilita la aceptación al cambio
(fortaleza innovadora), el mejoramiento continuo (aprendizaje en equipo), la administración y asunción de riesgos (decisión participativa), y la forma en que estos
valores que se traducen en respuestas a la colectividad y en el interés por comunicarlo y
escucharlo (confianza individual).
Por lo que la capacidad innovadora es entonces la capacidad de transformar o de sentir,
entender y aplicar eficazmente el poder y la agudeza de las emociones como fuente de
energía humana, información, conexión e influencia a la solución de los problemas
profesionales.
Ahora bien, en la actualidad las reformas realizadas a las universidades se encuentran
centradas en reformas administrativas y en la regulación docente, sin presenciarse una
modificación al proceso de enseñanza–aprendizaje en el fondo, lo que se traduce en
una crisis de la institución universitaria.
La Universidad está destinada a la formación de recursos humanos a niveles de alta
producción, es decir, profesionales técnicos de nivel superior formados con elevada
capacidad de asimilación, ingenio e innovación técnica.
En definitiva profesionales con competencia profesional innovadora, considerando que
es un saber hacer con dominio de capacidades y procedimientos específicos en el
desempeño laboral que proporciona prestigio, autoridad y realización personal.
Si la competencia profesional innovadora es la atribución en la cual se manifiesta
esencialmente la empatía, el talento, la destreza y la intuición, entre otras, que elaboran
el saber hacer, conjunto capacidades complejas que le permiten al estudiante actuar con
eficiencia en los distintos ámbitos de la vida profesional cotidiana y resolver allí
situaciones problemáticas reales, lo que en realidad se debe plantear y a lo que debe
tenderse es a transformar las concepciones que se tiene de la enseñanza y el
aprendizaje, aspirar a ver al estudiante de forma diferente, abandonando el facilismo de
la tan decantada clase convencional y fundamentalmente trastocar ciertas relaciones de
poder entre docentes, autoridades y estudiantes.
Centrando la mirada en el aprendizaje, y por lo tanto en los estudiantes, el proceso de
enseñanza–aprendizaje, y la función de la Universidad con respecto a éstos, es que:
Aprendan a ser, que se traduce en saber ser, en un primer nivel teórico–práctico.
Aprendan a aprender, que se traduce en saber aprender, en un segundo nivel
práctico–técnico. Aprendan a hacer, que se traduce en saber hacer, en un tercer
nivel de aplicación práctica.
Reconociendo la sobresaliente importancia de todos estos aspectos, la última es la más
atendida y sucumbe ante una enseñanza simplemente informativa, instructiva, centrada
en los conocimientos que quedan en el olvido o en la memoria pasiva de los
estudiantes.
Entonces es importante tomar en cuenta en primer lugar, si se tiene que preocupar por
enseñar, preocuparse en el qué, el por qué y el cómo aprenden los estudiantes, es por
eso que el docente innovador en la enseñanza debe ir más allá, adentrándose en un
proceso que ocurre casi fuera de su control: El proceso de aprendizaje.
Cuando uno aprende cosas en la vida cotidiana por si mismo, se hace por curiosidad,
una fuerza interna impulsa a aprender, los aprendizajes son significativos, están
automotivados.
Sin temor a equivocaciones se puede decir que los estudiantes no se interesan por las
clases, dado que la mera información no los involucra, no son saberes significativos
para sus vidas y se quedan en el terreno de las abstracciones.
Por eso se dice que aprender es algo muy personal, ocurre dentro del individuo como
un proceso psíquico, el único capaz de articularlo y controlarlo es el estudiante que
aprende, que se encuentra involucrado en su proceso de aprendizaje.
Así, educar innovadoramente es facilitar aprendizajes significativos.
El estudiante debe dejar de ser objeto de la enseñanza, para convertirse en objeto y
sujeto del aprendizaje.
No se puede motivar a otro, el docente como facilitador de procesos motivacionales
para el aprendizaje, innova y crea condiciones para activar las motivaciones, para que
emerjan las motivaciones, desde esta perspectiva hay tres tipos de conocimientos:
· El que se tiene o conocimiento propedéutico.
· El que se puede conseguir o conocimiento preprofesional.
· El que se puede construir o conocimiento profesional.
El docente por su parte y con el rol de facilitador del proceso de aprendizaje debe usar
el conocimiento propedéutico, para lograr el conocimiento preprofesional, con el fin
de facilitar el conocimiento profesional.
Para esto hay que centrarse en el aprendizaje, tratar de que sea significativo lo que se
aprende. Sino, seremos cómplices silenciosos de la cultura de la pobreza.
Todo lo anteriormente dicho es la propuesta de la enseñanza innovadora que toma la
corriente del pensamiento dialéctico–humanista.
El ser humano como estudiante tienen un potencial positivo, su desarrollo individual
debe ser facilitado por aprendizajes significativos.
Hay que tener claro el planteamiento de que la persona–estudiante aprende
esencialmente viendo, escuchando, actuando y haciendo, particularmente en las
carreras técnicas para llegar a la producción y finalmente a la innovación–creación.
Así, para optimizar el aprendizaje, la persona–estudiante debe estar dispuesto a:
Participar, atender, comprender, ensayar y evaluar.
El contenido del presente artículo es extractado de la tesis que es intitulado "La
formación y desarrollo de la competencia profesional innovadora a través del
currículum del técnico de nivel superior de las carreras técnicas", el cual será
desarrollado en los próximos artículos a publicarse, discutiéndose los aspectos centrales
que la investigación abordó.
El problema radica en que la solución de problemas profesionales por parte del
Técnico de Nivel Superior de las carreras Técnicas no satisface las exigencias sociales
actuales, lo que se manifiesta en el proceso productivo y en su comunicación con el
que diseña y proyecta.
El artículo es desarrollado con la finalidad de abordar algunas consideraciones de las
características del proceso de enseñanza–aprendizaje y algunas implicaciones de
cambio hacia un proceso innovador.
En este artículo se analizará el tema de la innovación en la educación en general, para
lo cual es importante preguntarse qué se está entendiendo por innovación, la cual está
relacionada con la capacidad de las personas para abrigar nuevas ideas (talento
sistémico y holístico), de la cultura organizacional que facilita la aceptación al cambio
(fortaleza innovadora), el mejoramiento continuo (aprendizaje en equipo), la administración y asunción de riesgos (decisión participativa), y la forma en que estos
valores que se traducen en respuestas a la colectividad y en el interés por comunicarlo y
escucharlo (confianza individual).
Por lo que la capacidad innovadora es entonces la capacidad de transformar o de sentir,
entender y aplicar eficazmente el poder y la agudeza de las emociones como fuente de
energía humana, información, conexión e influencia a la solución de los problemas
profesionales.
Ahora bien, en la actualidad las reformas realizadas a las universidades se encuentran
centradas en reformas administrativas y en la regulación docente, sin presenciarse una
modificación al proceso de enseñanza–aprendizaje en el fondo, lo que se traduce en
una crisis de la institución universitaria.
La Universidad está destinada a la formación de recursos humanos a niveles de alta
producción, es decir, profesionales técnicos de nivel superior formados con elevada
capacidad de asimilación, ingenio e innovación técnica.
En definitiva profesionales con competencia profesional innovadora, considerando que
es un saber hacer con dominio de capacidades y procedimientos específicos en el
desempeño laboral que proporciona prestigio, autoridad y realización personal.
Si la competencia profesional innovadora es la atribución en la cual se manifiesta
esencialmente la empatía, el talento, la destreza y la intuición, entre otras, que elaboran
el saber hacer, conjunto capacidades complejas que le permiten al estudiante actuar con
eficiencia en los distintos ámbitos de la vida profesional cotidiana y resolver allí
situaciones problemáticas reales, lo que en realidad se debe plantear y a lo que debe
tenderse es a transformar las concepciones que se tiene de la enseñanza y el
aprendizaje, aspirar a ver al estudiante de forma diferente, abandonando el facilismo de
la tan decantada clase convencional y fundamentalmente trastocar ciertas relaciones de
poder entre docentes, autoridades y estudiantes.
Centrando la mirada en el aprendizaje, y por lo tanto en los estudiantes, el proceso de
enseñanza–aprendizaje, y la función de la Universidad con respecto a éstos, es que:
Aprendan a ser, que se traduce en saber ser, en un primer nivel teórico–práctico.
Aprendan a aprender, que se traduce en saber aprender, en un segundo nivel
práctico–técnico. Aprendan a hacer, que se traduce en saber hacer, en un tercer
nivel de aplicación práctica.
Reconociendo la sobresaliente importancia de todos estos aspectos, la última es la más
atendida y sucumbe ante una enseñanza simplemente informativa, instructiva, centrada
en los conocimientos que quedan en el olvido o en la memoria pasiva de los
estudiantes.
Entonces es importante tomar en cuenta en primer lugar, si se tiene que preocupar por
enseñar, preocuparse en el qué, el por qué y el cómo aprenden los estudiantes, es por
eso que el docente innovador en la enseñanza debe ir más allá, adentrándose en un
proceso que ocurre casi fuera de su control: El proceso de aprendizaje.
Cuando uno aprende cosas en la vida cotidiana por si mismo, se hace por curiosidad,
una fuerza interna impulsa a aprender, los aprendizajes son significativos, están
automotivados.
Sin temor a equivocaciones se puede decir que los estudiantes no se interesan por las
clases, dado que la mera información no los involucra, no son saberes significativos
para sus vidas y se quedan en el terreno de las abstracciones.
Por eso se dice que aprender es algo muy personal, ocurre dentro del individuo como
un proceso psíquico, el único capaz de articularlo y controlarlo es el estudiante que
aprende, que se encuentra involucrado en su proceso de aprendizaje.
Así, educar innovadoramente es facilitar aprendizajes significativos.
El estudiante debe dejar de ser objeto de la enseñanza, para convertirse en objeto y
sujeto del aprendizaje.
No se puede motivar a otro, el docente como facilitador de procesos motivacionales
para el aprendizaje, innova y crea condiciones para activar las motivaciones, para que
emerjan las motivaciones, desde esta perspectiva hay tres tipos de conocimientos:
· El que se tiene o conocimiento propedéutico.
· El que se puede conseguir o conocimiento preprofesional.
· El que se puede construir o conocimiento profesional.
El docente por su parte y con el rol de facilitador del proceso de aprendizaje debe usar
el conocimiento propedéutico, para lograr el conocimiento preprofesional, con el fin
de facilitar el conocimiento profesional.
Para esto hay que centrarse en el aprendizaje, tratar de que sea significativo lo que se
aprende. Sino, seremos cómplices silenciosos de la cultura de la pobreza.
Todo lo anteriormente dicho es la propuesta de la enseñanza innovadora que toma la
corriente del pensamiento dialéctico–humanista.
El ser humano como estudiante tienen un potencial positivo, su desarrollo individual
debe ser facilitado por aprendizajes significativos.
Hay que tener claro el planteamiento de que la persona–estudiante aprende
esencialmente viendo, escuchando, actuando y haciendo, particularmente en las
carreras técnicas para llegar a la producción y finalmente a la innovación–creación.
Así, para optimizar el aprendizaje, la persona–estudiante debe estar dispuesto a:
Participar, atender, comprender, ensayar y evaluar.